El título de esta entrada es el nombre que le quise dar a este blog en principio, pero lo intenté de 1000 maneras diferentes y siempre estaba ocupado, debe ser que hay mucha gente que también lo añora. Sin embargo, no podía dejar de contar lo mucho que echo de menos dar un paseo por la orilla de la playa. Cuando vivia en Valencia, independientemente de mi estado de ánimo, siempre acudía al mar cuando necesitaba pensar, relajarme, o simplemente por ganas der verlo.
Ahora que estoy a más de 100km. y a casi 1000m de altura sobre su nivel, lo aprecio más que nunca. A veces cierro los ojos e intento evocar el sonido de las olas en invierno, aislo mi mente y me parece estar sentada en la arena blanca, puedo sentirla escaparse entre mis dedos, puedo sentir su frescor en las cortas tardes del més de enero, y su cálido abrazo en los meses veraniegos. Me tumbo y dejo que millones de minusculos granos de arena dibujen mi silueta.Evoco en mi interior la libertad que sentía paseando sobre las magníficas rocas de la escollera, paseando sobre aquellas piedras pensaba que todo un mundo se extendía bajo mis pies. Cuántas tardes podía pasar mirando el ir y venir de las olas sentada sobre una roca sin pensar en nada más.
Antes tenía el mar en la palma de mi mano, ahora me asomo a la ventana y veo viñas, secano y monte. también tiene su encanto, pero como oí a alguien decir alguna vez "nada es comparable a la inmensidad del mar".
Besos
karol.
...nada es comparable a la inmensidad del mar...Nada!! Yo también adoro el mar.
ResponderEliminarUn besazo.