Siempre he estado convencida de la importancia de tener hermanos con los que compartir los buenos y malos momentos de la vida, pero ayer más que nunca fui consciente de su verdadera importancia.
Ayer no fue un buen día, a decir verdad esta no ha sido la mejor semana de mi vida por varias razones, mi hijo Ángel está atravesando un proceso virico que se está alargando más que de costumbre, y además mi madre ha sido ingresada en el hospital y lucha por superar otro bache que la vida ha puesto en nuestro camino. Siempre ha sido una mujer fuerte y estoy segura de que también esta vez saldrá airosa y renovada de este embrollo hospitalario.
Pues bién como decia, ayer no fue uno de esos buenos días en que te levantas con el pie derecho y todo el mundo te sonrie por la calle, era una mañana fría, típica del més de enero, el hielo brillaba en la carretera y te hacía mantener los nervios en constante alerta. Mi madre tenía prevista la realización de una biopsia, este es uno de esos pasos por los que ha de pasar para salir de este nuevo revés que le ha presentado la vida. Cuando ya estaba aparcando el coche junto a la puerta del hospital me llamó mi hermano por teléfono para decirme que ya habían bajado de la habitación para comenzar la biopsia, aparqué y me uní a el en la espera. Algo inesperado pasó dentro de aquella sala, no puedo precisar muy bién el qué, pero desde fuera ambos intuimos que algo no marchaba bién. La prueba se estaba alargando más tiempo del esperado, y de repente comenzó un desfile acelerado e intempestivo de médicos y enfermeras que entraban atropelladamente a la sala donde estaban realizando la intervención a mi madre. Mi hermano y yo nos temimos lo peor, nos abrazamos y unimos nuestras manos, nuestras caras, nuestras almas..., se hizo de noche a nuestro alrededor, nadie nos decía nada, nadie nos explicaba que estaba pasando ahí dentro, la gente alrededor nos miraba, tampoco ellos podian hacer nada, no había consuelo para nosotros.
Por suerte, y tras pasar los minutos más largos de mi vida abrieron la puerta de la sala y pudimos verla, estaba agotada, asustada, pequeña y debil, pero estaba ahí.
Durante esos minutos eternos, no podía dejar de pensar en que al menos tenía a mi lado a una de las únicas dos personas en el mundo que estaba sintiendo en ese mismo instante lo mismo que yo, apretabamos nuestras manos con fuerza, llorabamos y nos abrazabamos, sentíamos el mismo miedo, la misma incertidumbre, la misma rabia..., eso sólo sucede entre hermanos.
Nunca podré dejar de agradecer a mis padres el haberme dado dos hermanos con los que compartir lo bueno y lo malo, las alegrias y tristezas y todos y cada uno de los momentos importantes de la vida. Gracias Mamá y Papá por darnos la oportunidad de no estar sólos en momentos como el que vivimos ayer, y gracias Oscar y Eduardo por estar siempre ahí, porque aunque a veces estemos lejos, sé que si alguna vez os necesito sólo tengo que marcar vuestros teléfonos y estareis ahí para ayudarme a mí y a mi familia que también es la vuestra.
Miles de Besos
Karolbar
¡Vaya rato pasamos, Karol!! pero....me quedo con esto,...Genial!!
ResponderEliminar"...apretabamos nuestras manos con fuerza, llorabamos y nos abrazabamos, sentíamos el mismo miedo, la misma incertidumbre, la misma rabia..."
"...porque aunque a veces estemos lejos, sé que si alguna vez os necesito sólo tengo que marcar vuestros teléfonos y estareis ahí para ayudarme a mí y a mi familia que también es la vuestra."
Siempre estaré ahí, SIEMPRE!!
Miles de besos.
Óskar.
Qué sería de mí sin vosotros!Tengo mucha suerte de tener unos hermanos geniales que tienen un corazón tan grande como mi cabeza,o más...Pase lo que pase estaremos unidos.Arriba o abajo,de eso estoy seguro,porque si de algo me siento orgulloso,es de teneros siempre cerca.Muchos besos Carol!
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